Disfruta!
(Recuerda que este no es el primer capítulo...ya te sabes todo el rollo de Neverland on Demand...así que ya no lo voy a poner completo)

Juntos se subieron al gracioso vehículo que no paraba de expedir volutas de humito blanco a cada rato. Y Michael, quien ya había recorrido antes la propiedad, no se concentró tanto en la vista o en el paisaje, sino más bien en develar porqué aquellos niños parecían despertar en él sentimientos tan extraños, como de ternura y de felicidad.
Vio con detenimiento a Prince, y le recordó un poco a él mismo cuando era niño (por primera vez), su mirada reflejaba aventura y valentía, inclusive parecía algo travieso y pícaro.
Tal vez, en algún futuro, serían muy buenos amigos.
Luego observó a Paris, la chica de mirada del mar, y su felicidad aumentó más, era simplemente una muchachita muy hermosa, su carita blanca parecía la arena de una playa y sus cabellos eran dorados como el sol, su mirada reflejaba inocencia, pureza, y claridad. Su risita y su voz juguetonas le parecían a Michael simplemente encantadoras, era claro: Michael se encontraba sumamente interesado en aquella niñita.
Y por último, el más pequeño de todos: Blanket. A los ojos de Michael, este pequeño niño siempre parecía inseguro y tímido, hasta se podría decir que un poco triste, su tez era pálida y sus cabellos largos y negros contrastaban visiblemente con ella. A decir verdad, para ser un niño parecía ya desde ahora algo oscuro, como si escondiera un secreto que jamás debía de ser revelado, su mirada era distraída y taciturna, y sus ojos eran tan negros como su cabello. Todo él contrastaba visiblemente con sus dos hermanos. También le llamaba mucho la atención pues parecía que no le agradaba mucho a Blanket, pues siempre que intentaba hablarle le contestaba muy cortante y con monosílabos.
Pronto llegaron a una zona que parecía más bien un zoológico, pues era un hábitat casi natural en donde convivían animales de todo tipo: elefantes, jirafas, monos, camellos, osos panda, osos polares, canguros, tigres y leones. Pero algo tenían en particular: Michael juraba que oía las conversaciones que entablaban todas estas criaturas, y lo más impactante es que podía entenderlas a la perfección.
-Llegamos a la zona de los animales, ¿quieren que les presente a algunos amigos míos?-preguntó Mike.
-¡Claro!-respondieron Paris y Prince al mismo tiempo.
Entonces, el pequeño grupo de 5 miembros descendió de la maquinita de vapor y comenzaron a andar.
Ahí pudieron ver a todas aquellas criaturas corriendo, jugando y…hablando con toda libertad, ni siquiera estaban en jaulas, era como si vivieran en la selva.
Pero la zona de animales era muy, muy extensa, la mirada ni siquiera alcanzaba para ver dónde terminaba, era como una especie de Safari.
Al comenzar a recorrer, los animales comenzaron a saludar a los niños, agitando sus patas o sus trompas y acercándose a ellos para verlos mejor.
Inclusive, un tigre de bengala se aproximó a ellos y les habló así:
-¡Vaya! Hace ya tanto que no había visto un grupito así, qué bonitos niños, ¿son tus amigos Mike?
-Sí Edgar, lo son.-contestó Mike con cortesía.
-Y ¿Quién es esta bonita señorita que nos traes?-preguntó el tigre dándole vueltas a Paris y acercándose a ella de una muy extraña manera.
-Se llama Paris y ellos son sus hermanos-contestó Mike despreocupado.
-¿De verdad? ¡Vaya! Pero que delicia…
Este gesto a Michael no le gustó para nada, a su parecer el tigre la miraba como si se la fuera a comer, la rodeaba como rodean las fieras a sus presas, y hablaba como si tuviera la intención de morderla. Entonces no pudo evitar exclamar:
-¡Oye tú! ¡¡No la molestes!!
-Descuida, Michael, Edgar es un amigo mío, no le va a hacer daño…-le dijo Mike con su tono despreocupado.
-Es que…-comenzó a decir Michael inseguro.
-No te preocupes Michael, todo estará bien. Bueno Edgar-y aquí volteó a ver al tigre de frente-ya nos vamos, fue un gusto hablar contigo.
-Un placer.-contestó el tigre clavando su mirada feroz en Paris y en Michael pero usando un tono suave y sigiloso.
Y al despedirse, Michael volteó para ver si aquel animal extraño no los seguía, tenía que cerciorarse de que no los acechaba para después atacarlos por la espalda, y a pesar de que esto no sucedió, el tigre lo observaba desde lejos clavando su mirada en la suya. Algo tenía aquel tigre que a Michael no le agradó del todo.
Siguieron recorriendo el terreno, y esta vez llegaron a un gran árbol, no se sabía qué tipo de árbol, pero en su copa, las ramas se movían como si hubiera algo colgado en ellas.
-¡¡Bubbles!! ¿Estás ahí amigo? ¡Baja un momento por favor, quiero presentarte a alguien!-gritó Mike dirigiéndose a la copa del árbol y haciendo un altavoz con las manos.
Y de pronto, un gracioso chimpancé descendió rama por rama descolgándose con gracia desde arriba. Aquel chimpancé era de un bonito color café claro, y sus ojos, parecidos a dos canicas de vidrio, eran color verde. Ninguno de los allí presentes, excepto Mike, había visto nada parecido.
-Chicos, éste es uno de mis mejores amigos, se llama Bubbles, y como pueden ver es un mono, tanto a él como a mí nos encanta subir a los árboles y ver todo desde arriba, tal vez por eso nos hicimos amigos. Y este árbol que aquí ven delante de ustedes es mi árbol favorito, aquí en sus ramas jugamos Bubbles y yo cuando estamos algo aburridos.
Bubbles, -dijo Mike dirigiéndose al mono-ellos son Paris, Prince, Blanket y Michael, son mis nuevos amigos.
-¡Qué gusto me da conocerlos!-Chilló el monito con una voz agudísima-¡así vamos a poder jugar mejor, con más gente será más divertido!-y entonces Bubbles se dirigió a todos-síganme por aquí y les voy a mostrar que hermosa se ve Neverland desde aquí.
Y entonces, con gran maestría escaló rama por rama hasta llegar a la parte más alta del árbol y desde ahí invitó a los niños a ascender.
-Oye Mike, ¿no será peligroso?, es decir, ¿y si nos caemos?-preguntó inseguro Michael.
-No te preocupes, no te va a pasar nada, ¡ahora vamos! ¡Arriba todos!-animó el chico.
El primero en subir fue Prince, quien desde el principio parecía emocionado y divertido, luego le siguió Paris, luego Michael, y finalmente Blanket, quien miraba a todos lados para no caerse, pero eso sí, no musitaba ni una sola palabra o ningún sólo ruido.
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