¿Podrá el Rey por fin encontrar paz en su corazón? ¿en verdad se encuentra totalmente sólo en aquel palacio extraño? ¿cómo hará para solucionar su pena?
Lee lo siguiente y lo descubrirás...
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(¿No has leído desde el comienzo? ¡vuelve al primer capítulo para saber qué hizo Michael Jackson después de su muerte!) 
-Michael… ¡despierta Michael!-le susurró suavemente la voz de un niño.
Michael levantó su rostro y pudo ver que ya había amanecido, el sol entraba por la ventana de su habitación y llegaba hasta el pasillo dejando ver un rayito delante de él, un rayo de oro como de esperanza de una nueva vida, o una nueva eternidad que estaba a punto de comenzar para él.
Y luego, viendo el pequeñísimo y gracioso personaje que tenía en frente de él, por fin pudo ver una pequeña luz en el camino: era un niño hablándole amablemente.
Michael rompió en llanto y abrazó al pequeño con ternura.
-¡¡Pensé que estaría solo para siempre!!-exclamó.
-No lo estás Michael…¡¡pero suéltame ya, que no me dejas respirar!!-reprochó el niño aquel.
-Lo siento mucho.
-No te preocupes.-le contestó el chico.
Era un chico como de unos 10 años aproximadamente, era un niño negrito y alegre, cuyo cabello estaba esponjado al estilo afro de los años 70’s, estaba vestido con un suéter de estambre tejido color rojo y unos pantaloncillos de vestir color marrón.
El niño lo miraba con unos ojillos llenos de esperanza e iluminados por la luz de la niñez. Esa jovencito, ese caballerito que lo miraba parado delante de él, no podía ser otro, más que él mismo cuando era niño…literalmente.
Michael quedó estupefacto al verse de joven ahí parado sonriéndose a sí mismo, y pronto, le invadió el miedo.
¿Qué venía este niño a decirle ahora que ya era adulto?, ¿qué clase de experiencias tan horribles con su padre venía a narrarle este chico que seguramente las había vivido recientemente?
Esto debía ser un sueño, pero ¿se sigue soñando una vez que uno muere?
Michael trató de recobrar la compostura y para ser amable con su invitado, pero a la vez para sacudirse el espanto, le preguntó:
-¿Cómo te llamas pequeño?
-Ay Michael, ¿qué preguntas son esas? ¡Ya me conoces!-respondió juguetón el muchachito mostrando unos dientes muy blancos y bien cuidados.
Michael adulto se rió un poco y, conmovido por el chiquillo, formuló otra pregunta:
-Y dime, hombrecito, ¿cómo quieres que te llame entonces? No vaya a ser que nos confundamos, ya sabes, por eso de que nos llamamos igual…
-Llámame Mike, y yo te llamaré a ti Michael.
Michael se quedó mirando fijamente a los ojos de aquel chico, y ahí pudo verse a sí mismo como antes solía verse, ante de negarse a mirar en el espejo hace ya tantos años.
Y pudo encontrar ahí algo que realmente le sorprendió, a pesar de todo lo que había vivido y a pesar de que él había creído que sus sueños e ilusiones se habían roto por el duro trabajo con su padre, la esperanza que los ojos de aquel niño le ofrecían lo contrario.
Michael pensó que ahora, le habían enviado una versión mejorada de sí mismo en su niñez para que no se sintiera solo, pues si le enviaban el que había sido realmente él de niño, se habría deprimido más.
Pero pronto, el niño tomó la mano de Michael y le dedicó estas palabras:
-¿Por qué estás ahí tirado? ¿No se supone que querías jugar?, ¡anda vámonos! Sígueme.
Y Michael lo siguió conmovido.
Pronto, llegaron de nuevo a los prados de la tierra de Nunca Jamás…donde el sol se levantaba en el cielo como un verdadero astro, tal y como solía verlo en su niñez.
Y así, una juguetona felicidad embargó su corazón desde lo más profundo, podía sentir como la alegría de aquel niño lo llenada desde los pies hasta la cabeza y que, nuevamente se sintió como cuando era joven y se imaginaba, en secreto por supuesto, que iba a un parque de diversiones, y ahí corría y jugaba con sus hermanos mayores sin que nada ni nadie pudiera romper esa felicidad.
Y esa pequeña alegría que sentía era suficiente para continuar cantando y ensayando y que nadie se diera cuenta de que había llorado la noche anterior, porque toda esa imaginación lo llevaba a un lugar mejor que lo llenaba de energía, lo renovaba, y lo hacía bailar.
Michael se sintió joven y feliz, más joven aún de lo que era, entonces miró sus manos y por alguna extraña razón, estás habían cambiado de color…eran negras como las de aquel hombrecito que lo tiraba hacia la zona de juegos.
Notó que su estatura había sido modificada notablemente y que su cuerpo se sentía ligero y suave, ¡ay no! Michael había vuelto a ser un niño otra vez…
Seguía teniendo los mismos recuerdos vagos de cuando era un adulto, las mismas experiencias algunas las recordaba, pero ahora su espíritu o lo que fuera, había sido transportado al cuerpo de un niño, y ese niño tenía alrededor de 12 años.
Se sentía muy extraño en aquel cuerpecito pequeño, pero al fin y al cabo, se sintió feliz de volver a ser lo que siempre había sido: un niño.
Miró con atención e inclusive sus ropas habían cambiando: ahora vestía con los mismos pantaloncillos marrón de Mike y el mismo suéter, pero éste era color verde ¡su color favorito!
Ahora ambos parecían dos extraños gemelos, iguales entre sí, pero uno dos años mayor que el otro.
Así que corrió detrás de Mike y juntos llegaron a la zona de juegos.
-¡¡Mira este carrusel Michael!!-señaló Mike a la gran estructura de mil caballos que se encontraba justo delante de ellos, -¿no quieres subirte?
Michael sólo se limitó a contemplar la gran estructura viéndolo exactamente con la mirada (y la estatura) de un niño, sus ojos comenzaron a brillar, y sintió que sonreía, una gran alegría lo embargaba ahora, una alegría que hace toda una vida que no había sentido.
-¡¡Si quiero!!-e inmediatamente eligió un caballo y se subió a él.
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