domingo, 3 de enero de 2010

Neverland Capitulo 1

El día de hoy les comparto el Primer capítulo de mi Best Seller: Neverland La Tragedia Magica de Michael Jackson.
¿Quieres saber lo que hizo el Rey del Pop despues de morir? no esperes más:Capítulo 1
Un dos tres, ¡up! Un dos tres ¡¡up!!...media hora y no había parado de lanzar su moneda al aire…
Parecía aburrido, ¿pero a caso tenía otra cosa qué hacer?
Solamente dos cosas le gustaban en la vida (¿o en su nueva muerte…?) los niños…y el chocolate.
Oh sí. Ambas cosas eran muy parecidas: unos eran dulces, y risueños, deleitantes e infantiles…y los otros eran, bueno… pues eran iguales.
De pronto, la puerta se abrió y un extraño hombrecillo regordete de cabellos rosas entró en el cuarto:
-Señor-chilló su voz-¿puede venir con nosotros? ¡Lo estamos esperando!
-Enseguida voy-contestó Michael.
¡¡Ya recordaba qué tenía qué hacer!! Ir a ver aquello que más le gustaba por su puesto. O al menos eso le habían dicho…
Rápidamente Michael tomó su sobrero de copa negro, y su bastón de madera fina y siguió al hombrecillo por el pasillo.
Si había dos cosas que a Michael jamás le gustaron, esos eran los lugares miserables y la gente adulta…a no ser que fuera él mismo claro está. Era un hombre alto, delgadísimo, de aproximadamente 35 años. Su tez era blanquecina y delgada, antes había sido negra y gruesa, pero hace ya una vida de eso, tenía ojos almendrados casi femeninos y una mirada extraña, nunca sabías qué es exactamente lo que estaba pensando, tenía los labios muy finos, pero su boca era bastante rara, pues parecía como si se la hubieran estirado de manera artificial, y además tenía una nariz exageradamente fina. Su cabello, negro como un cuervo, lo llevaba hasta lo hombros, era ligeramente ondulado y caía como dos cortinas a ambos lados de su cara.
Estaba vestido con una camisa de algodón blanca y un chaleco color rojo, unos pantalones de vestir de lana a rayas y un hermoso abrigo color vino. No variaba mucho desde que había llegado a aquel lugar.
-¡Espérame por favor Noodles!-exclamó Michael detrás del hombrecillo-no vayas tan rápido.
Su voz era apenas un susurro, era tímida y suave, parecía como la de un niño, y en sí, eso era lo que Michael siempre había sido: un niño.
Por fin, el hombrecito se detuvo ante una puerta de madera y volteó:
-Señor, si de verdad ya no quiere regresar tendrá que cruzar esta puerta, pero yo le recomendaría que lo pensara nuevamente.
-Estoy decidido Noodles, mi tiempo se terminó y ya no sería correcto regresar, estoy seguro de que todo estará bien, yo ya terminé lo que tenía que hacer.
-Pero Señor…sus hijos.
Cuando Noodles mencionó esa palabra, el rostro de Michael se ensombreció notablemente, y sus rasgos se endurecieron, hasta que su cara pareció una escultura de mármol.
-No Noodles, yo confío en ellos y sé que todo estará bien…de alguna manera.-creo que tal vez no sonó tan convincente, pues ni él mismo se lo creyó.
-Entonces, ¿seguro que quiere hacer esto Señor?
-Sí Noodles, abre ya la puerta.

Entonces, Michael fue testigo de la más grande, más magnífica, y más grandiosa mansión que jamás había visto.
Lo primero que se vislumbraba era una reja de oro y con un letrero que rezaba “La Tierra de Nunca Jamás”, y abajo, con letras grabadas en algo que parecía chocolate blanco y negro, estaba su nombre.
A lo lejos, kilómetros y kilómetros de prados verdes adornados con jardineras y más lejos aún, se encontraba la gran mansión.
Al centro de toda la propiedad había un gran reloj hecho de arbustos de hojas verdes y amarillas, y ahí también había un letrero hecho con el mismo material en el que se podía leer “Neverland”.
Las manecillas enormes del reloj parecían apuntar siempre la misma hora, es decir las 5:23 y no avanzaba más.

Una oscura sombra se posó sobre sus ojos felinos y musitó:
-Noodles…
-¿Qué pasa Señor? ¿No le gusta? Lo veo decepcionado.
-No, es que, yo he visto esto antes pero ya no lo puedo recordar, y no sé porqué, pero este lugar me trae un sentimiento de melancolía…
-Señor, como usted ha decido cruzar, este lugar ya no depende de nosotros si no de usted, fue usted el que ha creado este lugar con sus obras, con sus pensamientos, con su esfuerzo, y sobre todo, con sus más íntimos deseos. Si por ejemplo usted deseara estar en un pantano, en este momento estaría entonces en uno, y si deseara estar en un castillo, estaría seguramente en un castillo.
-Sí pero, ¿porqué no puedo recordar porqué deseo estar en este lugar? lo veo y siento que lo conozco, pero a la vez es como si no hubiera estado aquí jamás.

El hombrecillo cambió de gesto en todo lo que llevaba del viaje por primera vez, sonriendo enigmáticamente.
-Eso mi Señor, lo tendrá que descubrir usted cuando entre.
Entonces, tanto Michael como Noodles entraron a la Tierra de Nunca Jamás.

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