viernes, 15 de enero de 2010

Neverland Capitulo 9

El día de hoy serán testigos de la primera gran proeza de Michael durante todo esta gran aventura...pero eso si, ¡ni se compara con lo que viene después! sigue leyendo y lo verás.

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Al llegar hasta arriba, Michael fue sintiendo como si aquello de subir a los árboles ya lo hubiera hecho alguna vez, pues sintió que realmente le gustaba hacerlo, y al ver Neverland desde la copa, y sentir el viento en su carita, no pudo ser más feliz. Se sintió inspirado, entusiasmado, en paz.
Parecía como si todo lo malo que hubiera vivido había dejado de ser, y todo lo bueno estaba resaltado, dejó de pensar en su padre, en sus regaños, en los interminables ensayos, en los perros con cámaras, y en sus más íntimos y profundos temores, su muerte ahora parecía no ser tan mala después de todo.

Vio de pronto a aquellos niños que lo acompañaban y dejó de sentirse solo, pues ahora, contaba con nuevos y verdaderos amigos y que ahora, ya nada malo podría pasarle, por fin todas sus desgracias habían desaparecido para ya jamás volver.

Pasaron ahí bastante tiempo, hablando con el simpático Bubbles que no paraba de hacerlos reír con sus graciosísimos comentarios acerca de sus amigos, los demás monos, y de cómo habían logrado burlarse de Edgar el tigre una vez.

-Yo lo único que no me he podido explicar hasta ahora, es cómo pueden hablar-mencionó Prince.
Y Michael también se había formulado esa pregunta antes, es sólo que no la había expresado por el temor de parecer fuera de lugar.
-Siempre hemos podido, es sólo que ya no nos ponen suficiente atención o ya a nadie le interesa lo que sentimos y pensamos, siempre nos expresamos, pero ¿quién querría oír lo que un mono o una paloma o un perro le quiere decir a alguien? Es por eso que, desde hace ya tiempo, hemos decidido solo hablar entre nosotros, dialogar sólo entre los animales, e inclusive, sólo hablar con los de nuestra propia especie.
-¿Y cómo es que podemos entenderte ahora?-preguntó Paris.
-Ustedes son niños todavía, y los niños siempre quieren saber más acerca de su alrededor, y por esto, ustedes aún conservan la verdadera capacidad de escuchar con atención, y aunque no hablamos el mismo idioma, ustedes siguen comprendiendo con el corazón, no con el oído.
-¿Eso quiere decir que cuando seamos adultos ya no podremos escucharte más?-preguntó Michael angustiado.
-Es lo más probable, después de todo, los adultos siempre tienen cosas más importantes que hacer que detenerse a escuchar lo que un mono dice.

Michael, por alguna razón, comprendía lo que aquel chimpancé quería decirles, pues de alguna manera él también se había sentido solo y sin ser escuchado por los demás. Desde que era niño su padre lo obligaba a cantar y bailar, pero jamás se detenía a escuchar lo que sentía, y cuando fue adulto, mucha gente famosa o importante lo rodeaba, pero nunca nadie le preguntaba cómo se sentía. ¿Habían dejado de hablar el mismo idioma que él como había pasado con Bubbles y los demás animales?, o peor aún ¿había dejado la gente de considerar importante hablar con él y por eso ya nadie quería escucharlo? Hablaban sólo de dinero, o de conciertos, o de nuevas canciones, pero jamás de sus propios sentimientos. Si esto era verdad, Michael comenzó a sentirse sumamente triste…pero en ese preciso instante, algo interrumpió sus pensamientos: un grito.

Volvió en sí y vio con horror que Paris, quien hace unos momentos se había sentado a su lado en la misma rama, se había resbalado y ahora trataba de aferrarse con todas sus fuerzas para no caerse.

Todo se volvieron a ella para ayudarle, pero Michael estaba paralizado por aquella escena.

Unos segundos después, una fuerza venida de no se sabe dónde lo invadió hasta lo más profundo, y se sintió más valiente y más fuerte que cualquier hombre parado en la tierra.
Y entonces, alargó sus brazos y tomó a Paris de la cintura, y como a una muñeca o a un bebé de poco peso, la sentó en la rama nuevamente. Pronto vio que Paris, ya sea por el susto o por la sorpresa de lo que había sucedido, estaba sollozando y miraba con toda la cara roja hacia abajo, como si estuviera muy apenada. Michael, automáticamente abrazó con ternura a la niña y dándole palmaditas en la espalda de manera paternal, le susurró:

-Todo está bien, ya pasó, no te preocupes, yo estoy aquí.

Paris siguió sollozando asustada, pero pronto se sintió mejor.
Todos los que habían visto la escena estaban impactados por el valor y la fuerza que había demostrado Michael, de hecho, no se lo podían creer, ¿cómo era posible que un niño de su tamaño y complexión hayan podido hacer tal cosa? Ninguno excepto Mike se lo explicaba, pues lo miraban boquiabiertos. Y pronto, cuando ya Paris se había calmado, aplaudieron alegres.

Eso hizo que Michael regresara en sí y después de tanta emoción se diera cuenta él mismo de lo que había hecho, era muy extraño, pero algo en su interior lo había impulsado a hacerlo.
En seguida, Paris tomó a Michael y le dio un beso en la mejilla como agradecimiento, aquí Michael se puso tan rojo como un tomate y entonces todos se rieron de él.

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