miércoles, 6 de enero de 2010

Neverland Capítulo 2

Aquí les traigo el siguiente capítulo de uno de las historias más grandes de Michael Jackson que se han escrito jamás...
¿Cómo es que aún seguía recordando a sus hijos y no podía saber porqué este lugar le había traído un sentimiento como ese? Eso Michael no lo sabía, pero mientras recorrían a pie los grandes prados de La Tierra de Nunca Jamás, pronto se dio cuenta de sus mágicas peculiaridades.
Pudo ver que las flores, algunas margaritas, y otras rosas, crecían bellísimas en jardineras a sus lados, pero esas plantas no eran normales: eran de chocolate.
Al acercarse más, pudo ver que la tierra era chocolate negro molido y las flores simplemente estaban clavadas ahí sin derretirse, como si estuvieran siendo efecto de alguna especie de refrigeración, o truco de magia.

Al avanzar, Michael fue sintiéndose como en casa, pues más adelante vieron una rueda de la fortuna enorme, un carrusel con mil caballos, una noria, un martillo, y muchos otros juegos de parque de diversiones. Pero todos estaban vacíos, no había niños en ellos.

Siguieron caminando por 20 minutos más y vislumbraron un tobogán y un pequeño río, un río color café oscuro: un río de chocolate.
Pero no se veía ningún niño a la vista, lo único que podían oír eran las risas lejanas de infantes que todavía no aparecían, parecían salir de todas partes y de ninguna parte a la vez pero no había quien las generara.
Era lo más extraño que jamás nadie hubiera podido oír, ni tan siquiera Michael se lo explicaba.
-Noodles… ¿me puedes decir dónde están todos? Oigo las risas de unos niños pero aquí no hay nadie ¿dónde están?
-Eso mi Señor, tampoco yo lo sé, y si lo supiera, creo que no se lo podría explicar.
Michael se quedó tan confundido como antes de formular la pregunta.
El lugar era indudablemente hermoso pero estaba vacío.
Pronto, al seguir recorriendo la propiedad, Michael comenzó a sentir miedo, luego angustia, y finalmente desesperación, por más que caminaban y caminaban la residencia estaba sola y tan sólo las risas de aquellos niños inexistentes se oían por todas partes.
Pronto Michael fue presa del terror cuando Noodles abrió la puerta de la mansión y vió que en ella no se encontraba nadie, nadie que lo esperara o que lo recibiera calurosamente o nadie que jugara con él.

Al entrar, Michael pudo ver una calurosa chimenea encendida por no se sabe quién, un mueble inmenso con cuentos, cientos y cientos de cuadros y pinturas, muchas televisiones en cada cuarto, y estatuas, formas de niños que lo miraban con ojos expectantes y de vidrio que parecían canicas de cristal, ¿será posible que de aquí procedieran las risas que había oído durante todo el viaje? ¿Risas artificiales grabadas y procedentes de estatuas frías y sin vida?
Michael no sólo se sentía aterrado, se sentía tremenda y profundamente sólo en aquel lugar.

Pronto Noodles lo condujo a su habitación, la cual era la recámara más grande de toda la mansión:
Era un cuarto enorme con todas las comodidades: televisión, baño propio, cuadros que retrataban niños riendo, jugando o corriendo por todas las paredes, una rockola antigua en la esquina, y también contaba con una pantalla de cine y un pequeño escenario abajo, el cual podía ser apreciado por una ventana en la pared de la gran recámara.

Michael divisó una mesita con docenas de pastelillos de chocolate, malteadas y panqués al lado de la cama, la cual estaba tendida como la de un rey: con un edredón mullido y acolchado bordado en oro con sus iniciales.

-Bueno mi Señor, hemos llegado al fin del recorrido, si necesita algo, lo tendrá de inmediato, sólo le basta con desearlo, que tenga buenas noches y que disfrute su estancia.-Se despidió Noodles con rapidez.

-¡¡No te vayas por favor!!-exclamó Michael con desesperación poniéndose de rodillas para que los
ojos de Noodles le quedaran a la misma altura que los suyos.-¡¡no me dejes aquí solo!!

-No puedo quedarme Señor, tengo cosas qué hacer.

Pronto Michael tuvo una idea…

-Oye Noodles tú eres un embustero, recuerdo que me dijiste que “me esperaban”, pero hasta ahora no he visto a nadie por aquí, ¿dónde están los otros que me esperaban? ¿y quiénes son?

Parecía como que Noodles estaba en un buen aprieto.

-Bueno pues, me refería a los demás…

-¿Quiénes son los demás Noodles?

-Pues los demás son…los demás. Ya me voy Señor que tenga Buenas Noches.

Y entonces el hombrecillo de cabellos rosas se escapó, abrió la puerta y se fue tras de ella cerrándola tras de sí.

Pasaron algunos minutos, luego se convirtieron en horas, y finalmente en una eternidad…Michael no sabía qué hacer y se moría de la aburrición…ahora el miedo de sentirse solo había sido sustituido por un irremediable estado de aburrimiento.

Lo primero que hizo después de la despedida del extraño hombrecillo fue quitarse los zapatos y echarse en la cama. Ahí encontró el control remoto de la televisión, lo tomó en su delgada mano y encendió el aparato.
Ahí fue donde sus minutos comenzaron a hacérsele más de prisa pues se entretuvo un buen rato viendo algunos programas de comedia en “Nick at Night”.

Y luego, al buscar en la guía de programación encontró algo que sonaba prometedor: “Homenaje al Rey del Pop”.
<<¡Vaya! Esto se ve bueno>> pensó para sí, y oprimió el botón.

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